Su cabeza descansaba sobre mi pecho, sintiendo un suave hálito que huía de sus fosas nasales como un bálsamo de brisa nocturna en mi pel desnuda.

No se si el viaje, desde su Puerta de Alcalá, o el viaje que emprendidos sin sueño, agotó el recurso y el curso de su cuerpo y sus palabras, balbuceaba palabras imprecisas, inacabadas, como si hubiera comenzado una frase para Ella y, en algún momento determinado, dejaba clarear una de las palabras de esas frases soñolientas de su boca. Antes de cerrar sus hojas, la oí mascullar: “…aña, es bonito, ..go sueños m….adables…”
Tentado estuve de girar su cuerpo, despertar su profundo ensueño para interrogarla sobre la conexión de esas palabras. Su respiración fue crescendo. Acomodé, sin mover mi cuerpo, en breve movimiento, mi cabeza sobre la almohada, mi mano izquierda en su culo y mis dedos perdidos en ese valle que separa sus nalgas. Mi mano derecha se acomodó, cruzando su torso, en su hombro derecho. La luz de la Luna se iba deslizando del ventanal, lentamente, como la lentitud de mi mano en su culo vencida por el cansancio.
Me dormí con el arrullo de esas palabras musitadas por Ella. Mañana, en la claridad del día, despertarán esas palabras en su contexto, pensé.
Un grito escalofriante, seguido de otros gritos estremecedores, espantosos, despertó la profundidad de mi sueño.
¡¡No No No¡¡ ¡No No No¡¡ ¡Déjame no no ; no me toques¡¡ ¡No no no¡¡
A estas palabras le seguían sus gritos. El tercer “No; alteró y perturbó mi sueño. Con un automático acto, encendí la luz. Los números digitales del despertador, las 4h 12’, se clavaron en mis ojos.
A mi lado, Ella, temblando, se aferró a mi cuello. Sus ojos desencajados. Su respiración acelerada. Hablaba, pero ninguna palabra audible en la claridad en la noche. La abracé. La estreché a mi cuerpo. Mis manos en su cabeza. Estaba bañada en agua. Sus gotas no eran de sudor, sino de angustia, desasosiego. Un estado de ansiedad, una inquietud de ánimo.

Abrazada a Ella, dejé que transcurrieran los minutos, que desbravara sobre mi cuerpo su sueño. Estaba literalmente mojado, no de sus lagrimas, sino de la consecuencia de ese sueño. Las sábanas dibujaban la formación de una laguna, agua sobre agua. Esperé unos minutos más, hasta demorar su aceleración. Cuando me miró a los ojos, vidriosos, estrellados en mil llantos, la susurré al oído que no me contara nada, que descansara esa fatiga y ansiedad pasada.
Me dijo que sí a la pregunta. La acompañé hasta el baño, la desnudé. En realidad tan sólo le desprendí de su cuerpo unas braguitas en que horas antes jugaba con ellas como si se tratara de un tirachinas por su forma reducida, sobresaliendo la base donde alojaba su precioso vello y guardaba la joya de sus labios. Una de mis camisetas le sirvió para dejar sus pechos abiertos a la noche.
Llené la bañera de agua caliente, se dejó recoger como un bebé, reclinándola en su interior. La enjaboné, sonreía, Buen síntoma, pensé. La sonreí. Acogió mi sonrisa, cogió mi mano, apretándola. Buen síntoma, pensé.
No tengas prisa -le dije- más tarde, cuando se enfríe el agua, una vez que tu cuerpo haya recogido su temperatura, me tienes que ayudar a descifrar unas palabras ¿de acuerdo?. Sabía que con esa frase, provocaría una sonrisa en sus labios. Le encantaba crear crucigramas, pasatiempos y descubrir las siete diferencias de una viñeta al uso. De hecho, su trabajo en la editorial, consistía en eso, en colaborar en la creación de pasatiempos para revistas dominicales.
No sospechó, que, ahora, dentro de unos minutos, tendría que descifrar sus propias palabras soñolientas, las que se llevó en su sueño.
Deshice la cama, por suerte, la lluvia de sus ojos y el sudor que provocó esa alucinación, más que una pesadilla, no traspasó más allá de la tela que cubría el colchón.
El trajín de la madrugada i la calefacción mesurada, ayudó a dejar caer mi cuerpo sobre la cama. La pereza de caminar unos pasos hasta el armario para recoger un pijama fresco, facilitó el cuadro frente a mí. El espejo del mismo armario devolvió mi imagen algo tensa, desvelado. Apoyé mi espalda en el respaldo del cabezal, la almohada, a modo de sofá, acogía mi torso desnudo. La hora digital, 4h 52, destellaba su luz revelando mi slip del color de la noche.
Tal como una premonición, Ella, apareció en el momento que los números digitales cambiaron al 5h 00.- Como esos números de la derecha, frente a tus ojos según lees, se dejó ver desnuda. La luz del baño, adelantó su sombra cubriendo mi vientre, como un negativo fotográfico, su desnudez invitaba a descubrir cada uno de sus secretos. Apagó la luz del baño. Los números digitales en verde, indicaron la senda a seguir hasta la cama.
Se sentó a mi lado, cubriéndose con la sábana hasta la marca del ombligo. Noté su nalga izquierda, húmeda, según miras de espalda al espejo, acomodándose como una caricia en mi pantorrilla derecha.
Deshice mis brazos en arco detrás de mi nuca y le dije: y bien, que ocurrió musa mía, cuéntame. Sabía de sus crisis repentinas, provocadas por terceros. Sabía que llegó a mi encuentro para descansar.
En cuanto al murmullo de esas palabras con puntos suspensivos desprendidas de su boca dormida: “…aña, es bonito, ..go sueños m….adables…” La respuesta era, es, bien simple, me dijo. Recogió un folio de la mesita y un lápiz. Escribió esas palabras a las que le di revueltas antes de dormirme y despertarme y, bajo esa frase, las palabras sin lesiones: “Soñarme en la cabaña, es bonito. Yo tengo sueños más desagradables.”
Me explicó el sueño que despertó la madrugada. Volvió a recoger el lápiz, pasó el folio, frente al nuevo folio en blanco, dibujó la preocupación de su sueño y unas letras como pregunta a mis ojos: “¿Podrías ayudarme a descifrar o entender mi sueño con el dibujo?”

En el sueño, al igual que el dibujo frente a mis ojos, se observaba la mujer semidesnuda de cintura para arriba, los senos descubiertos, los ojos semicerrados, como dejando llevar. No se apreciaba fuerza bruta por ambas partes o, por las tres personas, dos hombres y la mujer. La mirada de los hombres, sus ojos, parecía de asombro ante la belleza de ella. Ella, como vencida, se dejaba llevar.
Ella, mi musa, después de mirarla a los ojos y presto a darle mi modesta opinión sobre el cuadro dibujado, me anticipó que este sueño dibujado, era de lo menos dañino. Al parecer, el desvelo y sosiego de Ella, era la brutalidad de otros sueños y de este mismo dibujado. Esos sueños le presentaban cansancio, miedo y pérdida de fuerza física a la vez que, (sorprendiéndome yo mismo) acercándose el final del sueño, placer.
Al finalizar su relato, la miré. La abracé, la besé, sintiendo la flor de sus pezones en mi cuerpo.
No me atreví a darle un diagnostico, por decirlo de alguna manera. Debería conocer más, en profundidad o no, otros de sus sueños, esos que Ella misma, más tenebrosos y desagradables. Con todo mi desconocimiento, conociendo sus trances, sus dificultades personales con su familia, padres, y la desilusión y fracaso amoroso; conociéndola lo poco que se aprecia y estima a si misma, digo, me atreví a diagnosticar el dibujo y, así, tranquilizarla.
Le comenté que, ese maltrato que recibe en el sueño, puede interpretarse como que se siente defraudada por la vida. Soñar que se experimenta con fuerza, es sinónimo de felicidad (aquí, al decir esto, yo mismo dudé. Pues Ella se encontraba a mi lado por otra desilusión en su vida amorosa).Ser objeto del amor de otra persona, sin corresponderle, advierte traición y codicia desmesuradas.
En el sueño se presenta semidesnuda. Esto no quiere decir expresamente un sueño o acto sexual, por lo general. Puede significar temor, que alguien averigüe algo que esconde. Si ese sueño, el dibujado, desnuda, le produce repulsión u odio, quiere decir que le preocupa averiguar la verdad sobre esa persona que ve o sobre una situación que no controla. El placer que siente al final, puede ser debido a reconocer a esa persona como compañero del momento.
No se, le dije, tendríamos que llamar al amigo Sigmund Freíd y que nos ayudara a descubrir el porque de esos sueño. Eso sí, deberías ayudarme más, abrirte más, en esos sueños, explayarte, conocerte mejor en esa oscuridad que envuelve tus sueño. No me prometió que sí, que así lo haría, pero su sonrisa, su mirada y su abrazo, fue la respuesta callada.
La luz boreal, se filtraba a través del ventanal, donde todo era campiña. La luz descubrió nuestra desnudez, su desnudez, ya que mi slip recordaba el negror de la noche. Esa similitud de pensamiento, originó una carcajada sonora en ambos. Noté como su fino y largo dedo, descubría mi sexo dormido bajo el slip. Tras un saltito de inesperada atleta, colocó sus rodillas sobre la cama, los dedos de sus manos, deslizaron el calzoncillo hasta mis pies. Sus dedos despertaron mi pene al alba.
Me llené de su olor fresco, conservado de la ducha. Su sabor era mi olor, mi olor su sabor. De rodillas frente a mí, inclinada sobre mi vientre, acarició mi pene con sus dedos, erguido, erecto, duro. Mis manos manoseaban sus nalgas, mi dedo índice, como lápiz en papel, moldeaba alrededor de su raja trasera, bajando por detrás hasta machetear felizmente su vello mojado.

Mi polla, vertical como el asta sin bandera, notó el frescor de sus labios y como su boca deglutía el manjar friccionando arriba y abajo como si se tratara de un caramelo marfileño.
Mi polla notaba la suavidad de su lengua, el cosquilleo de su llengua; a mi dedo índice le acompañó el dedo corazón acariciando sus labios, deslizándose en el interior de su vagina. El ritmo de mis dedos en su coño, encharcado su oasis, aceleró el dulce en su boca explosionando un río de semen por su pecho. Mis dedos siguieron la queja deseada de sus labios, cerrando sus paredes al tiempo que sus piernas aprisionaron mis dedos en su interior, desfondándose y cayendo su cuerpo desnudo sobre mi vientre. Al primer orgasmo, le siguió la electricidad convulsiva en repetidos temblores orgásmicos.
Después de varios minutos, el espejo reflejó nuestra felicidad en el rostro. Nos levantamos, dirigiéndonos al baño, la ducha fue compartida. Risas y más sonrisas para comenzar un día olvidando la negra noche.

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